jueves, 29 de enero de 2015

VILLARROBLEDO (Iglesia de San Blas).

La iglesia de San Blas, de los siglos XV y XVI es un bello ejemplo de la arquitectura gótica, renacentista y barroca, lo que le ha hecho merecedora de la declaración de Monumento Nacional, título obtenido en 1977.

La parte más antigua del edificio es de estilo gótico flamígero ejecutado con gran maestría. El resto se construyó al más puro estilo renacentista y con el sello impreso de Vandelvira.  El actual templo de San Blas se levanta sobre una primitiva iglesia gótica de mediados del siglo XV, a finales de ese siglo comenzó a ser sustituida por una nueva fábrica. A los pies quedan restos de la primitiva iglesia, de la que destaca su portada occidental, de magnifica fábrica realizada en estilo gótico flamígero y construida por un elegante vano con arco apuntado y de formas muy esbeltas. Las fachadas norte y sur son renacentistas de estilo Vandelvira, cuya fábrica ha sido atribuida a este genial arquitecto. La fachada sur o del sol es una de las más bellas de la provincia de Albacete. Por su composición, trazado y ejecución, es la que mejor representa la persistencia del estilo Vandelviriano. Sigue el tipo de la portada principal de El Salvador de Úbeda y de la meridional de la catedral de Jaén realizadas por Andrés de Vandelvira. Como esta última se cobija bajo un arco de medio punto, simulando un gran arco de triunfo romano, del que destacan los pares de columnas toscanas rematadas por un capitel corrido. En su interior San Blas es prototipo de iglesia columnaria o Hallerkirche, con planta de salón y tres naves a igual altura separadas por columnas. El primer tramo y el ábside ochavado son totalmente góticos con pilares y capiteles de formas complejas: los primeros pilares presentan una gran complejidad, están formados por haces de ocho columnillas con plinto cilíndrico. En la misma línea nos encontramos con ricas bóvedas de crucería estrellada adaptadas a los espacios y compuestas de múltiples recursos, como ligaduras y convados curvos. En los muros laterales de este primer tramo se abren ventanales moldurados en arco apuntado con parteluz central. Todos estos elementos evidencian un gótico puro de final con gran riqueza ornamental. Los restantes tramos fueron realizados de acuerdo al nuevo estilo renacentista: cambia la estructura de los soportes y capiteles y también de las cubiertas. Los capiteles presentan una forma interesante, puede considerarse como un entablamento clásico que actúa como tal. El uso de este capitel supone unos propósitos intencionados por parte del artista, de abandono del goticismo anterior y de ruptura, incluso manierista, con el clasicismo. A principios del siglo XVIII se construye el gran retablo gracias a las donaciones de un villarroblense ilustre, Fray Diego Morcillo Rubio de Auñon, Virrey de Perú. El retablo se realizó siguiendo la moda de la época, por lo que se oficio una obra monumental de estilo barroco churrigueresco que sustituyo el retablo gótico inicial. Este retablo está constituido por un arco triunfal de suave ojiva, en el que destaca su artesonado de características especiales. Así mismo en el interior se puede admirar una talla de San Miguel, correspondiente a la escena del Juicio Final representada en el antiguo retablo y que en la actualidad está situada en una de las capillas laterales.



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